Acabo de “leerme” un libro de Kenji Kawakami sobre chindogus titulado “101 inventos imbéciles, inútiles y japoneses”. Y escribo “leer” porque lo verdaderamente interesante del libro son las fotos de los chindogus.
“Chindogu” significa literalmente “herramienta extraña o deformada”. El creador de chindogus parte de un aspecto de la vida susceptible de ser mejorado e inventa un objeto que en principio debería servir para solucionar este problema pero que en la práctica no servirá para nada. Son divertidos porque son paradójicos e inútiles.
Algunos de los objetos que aparecen en el libro ya se comercializan con lo cual han dejado de ser chindogus. Es el caso de los libros de vinilo, para poderlos leer en la bañera o en la piscina; la mantequilla en barra, como el pegamento; o el reciclador de jabones, que consiste en un prensa para comprimir los restos de las pastillas de jabón dando lugar a una nueva pastilla de diferentes colores y olores.
Hay otros objetos que me han parecido muy útiles y estoy casi segura de que se acabarán vendiendo, si es que no se venden ya en algún lugar del mundo. Por ejemplo, la etiqueta de lavabo temporal, para poder convertir el baño de chicos en el de chicas a nuestro antojo; la camiseta con coordenadas, para poder indicar a la gente en qué punto exacto necesitas que te rasquen. O una bolsa transparente que permite pelar los frutos secos sin ensuciar. O porqué no, un cortador de tartas, de alta precisión, con transportador de ángulos incorporado.
Entre los chindogus más absurdos, destacan un teléfono con pesa incorporada para reducir el precio de la factura a la vez que haces biceps; una red de seguridad para pendientes, que se incorpora en los hombros, para recogerlos si se caen; o unas gafas con embudos para acertar al echarse el colirio.
He encontrado en YouTube un vídeo con una selección de los 10 mejores chindogus extraidos de este mismo libro.
Escrito por usue 





