7:00 am. Cansancio. Pereza. Dolores. Noticias de protestas. Sube el precio del alquiler. 7:00 am. Fatiga. Desidia. Cefalea. Noticias de manifestaciones. Baja el precio de la vivienda. 7:00 am. Agotamiento. Hastío. Jaqueca. Noticias de huelgas. Los bancos no conceden hipotecas. 7:00 am. Molimiento. Tedio. Migraña. Noticias de suspensiones de pagos. Carabanchel, 30 metros cuadrados, 320.000 euros. 7:00 am. Desaliento. Apatía. Contractura. Noticias de concurso de acreedores. San Blas, 40 metros, 310.000 euros. 7:00 am. Lasitud. Inapetencia. Estrés. Noticias de despidos. Vallecas, 50 metros, 300.000 euros. 7:00 am. Debilidad. Desazón. Noticias de cierres. Moratalaz, 60 metros, 290.000 euros. 7:00 am. Galbana. Sopor. Ansiedad. Reducción de jornada. Lavapiés, 70 metros, 280.000 euros. 8.00 am. Extenuación. Pesadez. Taquicardia. Ministerio de trabajo. ¡Chamberí, 80 metros cuadrados, 270.000 euros! 9.00 am. Agobio. Fastidio. Bruxismo. Reducción de salario. Concesión de la hipoteca. 9.00 am. Envío de currículos. Reunión de los trabajadores. Revisión del convenio. Firma del contrato de compra-venta. 9.00 am. Una llamada. Una esperanza. Firma del ERE. Planos con la nueva distribución. 9.00 am. Una entrevista. Incertidumbre. Despidos. Comienza la reforma. 9.00 am. Nueva llamada. ¿ERE o Erre? Finiquito. Demolición de muros.
15 días después empecé a trabajar en Grupo R. De repente me vi implicada en varias campañas publicitarias para distintos anunciantes. Era la primera vez que me enfrentaba a una situación así. El mundo de la agencia es muy diferente al de los medios. Pero tenía el apoyo de los compañeros, entre los que poco a poco he ido descubriendo algunos amigos. El trabajo vuelve a motivarme. Me llena en vez de consumirme. Al salir, sin importar la hora que sea, vamos a ver nuestra futura casa. Un día construyen las paredes. El día posterior dibujan las rozas. Cuando volvemos, ya han hecho el hueco para instalar los cables y enchufes. A la semana siguiente colocan la primera ventana. Asomando la cabeza, se ve un futuro feliz. Empezamos a elegir muebles y electrodomésticos. Queda instalar la electricidad y el gas, poner los suelos y pintar. Ya falta menos para que la casa que compramos se convierta en nuestro hogar. Recuperamos el contacto con los amigos y compartimos nuestra visión de la crisis. ¿Suerte? No, tesón.

Escrito por usue