Soy periodista y llevo muy mal el que la gente generalice y diga que los periodistas no tenemos ni idea de nada y siempre nos confundimos. Es evidente que no podemos saber tanto de leyes como alguien que haya estudiado Derecho, ni de enfermedades como un médico. Pero un buen periodista hará todo lo posible por documentarse sobre lo que no sabe, entenderlo y “traducirlo” para el lector medio.
Sin embargo, llevo todavía peor el que un periodista, por el mero hecho de serlo, tenga que demostrar que lo sabe todo.
Venía leyendo un artículo de “El País Semanal” sobre el “Manual de supervivencia en cenas urbanas“, de Sven Ortoli y Michel Eltchaninof. De ahí he sacado el término de “periodistósofo“, que da título a este post. Creo que no necesita explicación. Seguro que todos nos hemos topado con alguno.
El artículo termina con esta frase de Jonathan Swift: “Si no con la capacidad de ser brillante, la naturaleza sí ha dotado a todo el mundo con la de resultar agradable”.
Periodistósofo
Lunes, Noviembre 24, 2008Vida de perros
Lunes, Julio 21, 2008El País Semanal” retó a sus lectores a escribir microrrelatos de 120 palabras. Se recibieron más de 700. Algunos serán publicados a lo largo del verano. Ayer domingo fue la primera entrega. Una de las microficciones seleccionadas, me ha recordado a un relato que escribí hace unos años. Lo presenté al Premio Faroni. En ese caso, se podían escribir hasta 200 palabras. Se titula “Vida de perros”.
Me dolía todo el cuerpo. Miré atrás y vi un columpio balancearse. En él se entretenía todavía mi osito Teddy. Sin mediar palabra, el pequeño peluche me había empujado, arrojándome para siempre a la vida real. Miré al frente y emprendí un camino sin retorno con múltiples senderos. Empezó la larga etapa escolar. La dictadura del silencio en clase, los castigos de los profesores, las caídas en el patio, los primeros exámenes y suspensos. ¿Formación profesional o bachiller? ¿Ciencias o letras? ¿Económicas o Empresariales? No importaba la elección. Todos acabamos en el paro. Un año consagrado a los idiomas, a la informática o al carné de conducir. Muchos currículos enviados, varias entrevistas realizadas y sólo una llamada. Trescientos euros al mes, sin horarios y sin vacaciones. Sólo una llamada. No cabía un “no”.
Cinco madrugones por semana, sucesivas reuniones y trabajo amontonado. Aquella mañana tenía una reunión importante con mi jefe en la que me jugaba un ascenso. Me preocupé más que nunca por arreglarme. La corbata parecía ahogarme. Cuando estaba tratando de aflojarme el nudo, la voz de mi amo me despertó. “Vamos Tor”, gritaba Pedro tirando de mi correa. Por primera vez me alegré de no ser humano.
Para aquellos que se hayan quedado con ganas de leer el relato publicado en “El País Semanal”, se lo copio a continuación (total, son sólo 120 palabras). Lo ha escrito Cristina Vázquez, de Lugo, y se titula “Ya no haces falta, bonita”.
Tengo miedo y me siento confusa (…). Hace apenas un rato todo era felicidad, y mi casa, un revuelo de preparativos para irnos. ¡Mis primeras vacaciones! Yo también ayudé con las maletas: escondí las gafas de bucear de Benjamín y puse en su lugar mi zapatilla favorita (…).
Por fin estrenábamos el coche, ¡qué bien huele! (…). Estaba emocionada, orgullosa, agradecida, el hocico asomando al viento por la ventanilla. Me portaría bien, sin romper nada. Y ahora (…). No conozco esta carretera, tengo mucho calor, mucha sed. Me dan pánico los bocinazos, y el zumbido del tráfico a gran velocidad (…). Pero tengo que darme prisa, seguir corriendo, aunque esté reventada, y ya sólo oiga mi propio jadeo (…), si me quedo aquí pensando no les alcanzaré…
Escrito por usue 


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