Rock in Rio interruptus

Trabajando en el sector publicitario y llevando más de un año recibiendo notas de prensa casi diarias sobre el Rock in Rio, confiaba en que alguien me regalara un par de invitaciones. No fue así. Al final el tiempo se me echó encima y tampoco compré entradas. Terminé viendo los conciertos en casa. De no ser por las despiadadas e interminables interrupciones publicitarias me atrevería a afirmar que lo vi mejor, más fresquita y menos cansada, que si hubiera ido a la Arganda.

Interrumpir la emisión con un bloque de más de 20 anuncios no es nuevo. Cuando lo que interrumpen es una película, aunque puedas incluso llegar a perder el hilo del argumento, la publicidad es hasta útil para ir al baño, preparar la cena o llamar a un amigo. Y cuando se reanuda la emisión, la película está exactamente en el punto donde la dejaron. Sin embargo, cuando lo que interrumpen es la transmisión de un concierto en directo, la emisión se reanunda varias canciones después.

Por si me leen los responsables de La 2, si quieren cuidar a sus telespectadores, les propongo en primer lugar emitir el concierto en falso directo, retomando la transmisión en el punto en el que se dejó aunque se vaya sumando tanto retraso a la emisión como minutos de publicidad se vayan intercalando. En segundo lugar, cortar la emisión sin dejar a nadie con la palabra en la boca. Y por último, y lo más importante, no dividan por la mitad la pantalla para emitir publicidad en uno de los recuadros.

Ésta es una práctica que se ha puesto de moda y no me molestan si la hacen, por ejemplo, durante una transmisión deportiva porque, aunque se sacrifique el sonido en favor de la publicidad, sólo con imágenenes puedo enterarme de lo que está pasando en el estadio de fútbol, la cancha de baloncesto o en el circuito de Fórmula 1. Pero ¿qué pasa si en la mitad de la pantalla veo a Carlinhos Brown pero no puedo escucharle? ¿A quién se le ocurrió esta brillante idea? En este caso, sólo se me ocurre una solución para poder ver la publicidad a la vez que escuchamos la transmisión de un concierto en televisión: que lo que aparezca en la mitad de la pantalla dedicada a la publicidad sea una sucesión de campañas gráficas, es decir, creadas para aparecer en prensa escrita.

Carlos Boyero dedica su columna en “El País” de hoy precisamente a este asunto. Parece que no soy la única a la que me sentó mal lo que hizo La 2.

…De repente, en medio de la segunda canción, la pantalla del televisor se divide. La mitad la ocupa Neil Young y en la otra aparece una señora vendiendo los milagrosos dones de un depilatorio (¿o era una compresa mágica?) y a continuación el ex futbolista Kiko preguntándose qué deben de tener los hombres en la cabeza. Su lucidez le responde inmediatamente: “Todo menos caspa” y nos cuenta que su tupido cabello mantiene una salud inmejorable desde que usa determinado champu. Y me digo que no es real lo que estoy viendo, que un espíritu maligno me ha colado un tripi chungo en la bebida.

Una respuesta a Rock in Rio interruptus

  1. Cool Boy dice:

    Muy de acuerdo contigo, la gran ciudad de la música se quedó muda pero bien depilada.

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