Lista (¿o tonta?) de espera

El año pasado, al volver de las vacaciones de verano, una buena amiga empezó a sentir los primeros síntomas de lo que meses después sería una piedra en la vesícula de la que tendría que operarse.
Ahora que ya le han intervenido, nos entra la risa recordando la odisea que vivió hasta que superó con éxito la cirugía. Pero imaginen cómo lo pasó hasta entonces…
Primer episodio: confunden su expediente con el de un anciano. Le dan la hora que le correspondía al buen hombre. Ella, ni corta ni perezosa, se presenta allí el día indicado y cuando llaman al señor se levanta y se dirige hacia la enfermera. “Pero…¿usted no es Herminio Pérez?”, le increpa la auxiliar de clínica. “No, señora. Se confundieron y me dieron la hora de otra persona”, contesta mostrando sus documentos clínicos. “Menos mal que se ha dado cuenta. Si no, tal vez le habrían operado otra parte del cuerpo” (entiendo que esto fue un chiste para quitarle hierro al asunto).
Segundo episodio: le hacen firmar que cuando le llamen para ser intervenida deberá estar localizable y en ningún caso rechazar la fecha que se le proponga para la operación o pasará a la última posición de la lista de espera.
Tercer episodio: Le llaman, le dicen que en el hospital que le corresponde hay una larga lista de espera de aproximadamente seis meses y que si quiere que le operen en menos de 30 días (es decir, en pleno mes de agosto) puede cambiarse de hospital. Le leen a toda velocidad una ristra de siete hospitales y a bote pronto le exigen una respuesta. Ella pide tiempo para pensárselo y le dicen que le llamarán en una hora. No lo hacen hasta 24 horas después. ¿Se imaginan su agonía pensando que por haber pedido esa prórroga para pensar le hubieran puesto la última de la lista? Finalmente decide quedarse en el mismo hospital (“más vale malo conocido que bueno por conocer”).
Cuarto capítulo: tres días después, a las 8:00 de la mañana, le llaman para decirle que esa misma tarde se presente en el hospital para ser intervenida al día siguiente. Así lo hizo. Todo salió estupendamente.
Epílogo: Seis días después de la operación, mi amiga recibe una carta certificada en la que se le informa de que “ante su libre elección de no aceptar la oferta de derivación a un centro alternativo y en cumplimiento de la Orden 602/04, permanece pendiente de ser programada en su hospital de referencia en el plazo que permitan los recursos disponibles y no será de obligado cumplimiento realizar su intervención dentro del compromiso de tiempo máximo de espera”. En la carta se le da la oportunidad de repensarse su decisión.

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