Jugando a las palas

Gong, uno, bang, dos, gong, tres, bang, cuatro, gong, cinco, bang…”¿Quieres jugar con nosotros?”. Hacía rato que un niño muy moreno, de no más de un metro de altura, armado con una pala de madera, nos miraba sin pestañear. No hizo falta que contestara. Su blanca sonrisa, el brillo de sus ojos y su predisposición hablaron por él. Gong, bang, pac, bang, gong, pac, gong, bang, gong, pac…

De reojo, mirábamos nuestra bolsa. No podíamos evitar pensar que tal vez aquel niño sólo buscaba mantenernos entretenidos mientras sus complices nos robaban.

Gong, pac, bang, gong, pac, bang, gong…”¿Puedo jugar con vosotros?”. Otro niño de la misma estatura pero de piel más pálida nos miraba con envidia. “¿Tienes pala?”. En segundo plano, su madre contesta avergonzada: “No, no tiene”. El primer niño echa a correr gritando: “Yo sí tengo. Te la dejo”.

Gong, pac, bang, pac, gong, pac, bang, pac, gong, pac…”¿Cómo te llamas?”, le pregunta el primer niño al segundo. Gong, bang, pac…”Alberto, ¿y tú?”. Bang, gong, pac…”Erik. ¿Y vosotros?” Gong…”Usúe”. Bang…”Y Carlos”. Pac, gong, pac, bang, pac…”¿Me dejas tu raqueta?”. Carlos cede su pala a Erik. Gong, gong, gong, bang, pac…”Qué malo eres Alberto. ¿Por qué no le das?”. Una nueva personita entra en escena. Era la hermana de Alberto, una rubia peligrosa, con raya en el medio y una trenza a cada lado. “¿Me la cambias?”, le pregunta Alberto a Erik, que resignado recupera su desgastada pala de madera. Gong, bang, pac, pac, gong, pac, pac, bang…

Empieza a anochecer. “Alberto, venga, nos tenemos que ir”. La familia, con los bártulos recogidos, nos observa jugar. “Cuando se vaya Alberto, ¿puede jugar mi hermano?”, pregunta Erik. “Es que nosotros también nos tenemos que ir”. Erik recoge sus palas, echa a correr y comienza una nueva partida con su hermano en la orilla del mar.

Las palas de Conento

Las palas de Conento

Antes del verano, Macarena Estévez, fundadora de Conento, nos regaló unas palas naranjas, el color corporativo de la empresa. Tenían una peculiaridad: la zona con la que se golpeaba a la pelota era una membrana de plástico que vibraba al dar a la bola. Una debía estar más tensa que la otra porque sonaban de modo diferente, lo que llamaba la atención de los que pasaban a nuestro lado.

4 respuestas a Jugando a las palas

  1. Carlos dice:

    Pues si que nos divertimos si… y vaya paliza que nos metimos… lo mismo Alberto el día de mañana es tenis y Erik músico… ;-P

  2. masquemedios dice:

    Muy bueno.

    Parece que se escucha la partida.

    Ya te echábamos de menos.

  3. Zumaquero dice:

    Ala, yo quiero jugar, pero no tengo pala… ¿me la dejas?

  4. zac dice:

    mira que es horrible el logotipo..pufff….el antimarketing! cuánto tiempo que no te leíamos!

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