Cangrejos

Mi padre, Eduardo Madinaveitia, contaba en su blog Casi Enteros una travesía nocturna en barco. Días después se repetía con el Sol como testigo. Al llegar a las proximidades de La Manga, echamos el ancla y nos metimos al agua. Estaba muy limpia, casi transparente.

Me puse unas gafas de bucear y me sumergí. Había peces, berberechos y caracolas. También, patas de cangrejo. Lo primero que pensé fue que alguien que había comido paella había tirado los restos al mar con la excusa de que son biodegradables. Al rato, vi un cangrejo estático del revés. Pensé que estaba muerto y que provenía de la misma paella. Pero alguien me dijo que estaba vivo, que lo había visto moverse. Entonces volví a sumergirme y lo observé durante un buen rato. Cuando se sintió libre de peligro, el cangrejo se dio la vuelta y echó a andar de lado.

Con otro cangrejo hice el experimento de mover la arena que le rodeaba. De forma discreta, haciendo sucesivas volteretas, como si se tratara de un cadaver arrastrado de forma natural por la olas, el cangrejo se fue alejando.

Hoy hemos cenado cangrejos, pero de río. Me ha llamado la atención que muchos de ellos tuvieran una pata mucho más grande que la otra.

Cangrejo de río con patas de diferente tamaño

Cangrejo de río con patas de diferente tamaño

Por lo visto, los cangrejos pelean y en numerosas ocasiones pierden una pata como resultado del encuentro. Ésta  les volverá a crecer aunque irá con retraso con respecto a la pata que conservan.

4 respuestas a Cangrejos

  1. Blanca dice:

    ay, cangrejos, que ricos !!!! (tooooooooooooodos)

  2. Marta dice:

    Hace años que no los como. Los recuerdo muy buenos, con una salsita entre marrón y roja…que hacía mi abuela. Me has traído buenos recuerdos.
    Un abrazo muy fuerte,
    Marat

  3. Kinestesico dice:

    Buen blog… me lo apunto para seguir…

  4. masquemedios dice:

    Todos recordamos aquellos reteles llenos de cangrejos, la emoción de verlos entrar en la red, el momento de sacarlos y…lo ricos que estaban. Además, claro, de los días de campo tan buenos que pasábamos.
    Esto de ahora es otra cosa.
    ¡Qué pena que desapareciera el cangrejo indígena de toda la vida, el de aquí! Por cierto, tenían unas patas mucho más grandes y más llenas de carne.

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