La hora del recreo

Recuerdo mis días de colegio cuando, después de una intensa clase de matemáticas y otra de lengua, sonaba el timbre que indicaba que empezaba el recreo. No sé cómo lo vivía por aquel entonces, pero supongo que el recreo era lo mejor de ir a la escuela: jugar al rescate, hacer planes para el fin de semana o comer el bocadillo eran algunas de las interesantes actividades en las que ocupábamos ese tiempo sin clases.

Algo muy distinto les pasa a los protagonistas de “La hora del recreo“. Para ellos, ir al colegio es el recreo, porque el resto del tiempo lo pasan trabajando.

El lunes pasado estuve en el auditorio de la ampliación del Museo del Prado. Presentaban “La hora del recreo“, un libro en el que 5 fotógrafos y 16 escritores reflejan la realidad de 16 de los niños latinoamericanos que han sido escolarizados gracias al programa Proniño de Fundación Telefónica.

Se estima que entre América Latina y el Caribe hay actualmente 14,1 millones de niños, niñas y adolescentes que trabajan, y en el mundo 215 millones. El principal objetivo del programa Proniño es erradicar el trabajo infantil.

La hora del recreo

La hora del recreo

Los 5 fotógrafos viajaron a distintos países de América Latina. Durante tres semanas se integraron en la vida de varios niños escolarizados gracias al programa Proniño. Fotografiaron escenas de su vida cotidiana y recogieron verbalmente su testimonio. Una selección de instantáneas de cada niño y el audio fueron entregados a cada escritor. Tenían que escribir lo que sintieran al ver las fotos, procurando alejarse de la ficción y, como en el caso de los fotógrafos, sin pretender dar pena de los niños, pues estos se siente dichosos por haber sido escolarizados.

Me ha resultado muy agradable leer este libro, porque cada texto es muy diferente del anterior. Relatos, cartas, descripciones o diálogos, en pasado, presente o futuro.  Niños que trabajan en vertederos, granjas, minas, bosques o mares, recogiendo basura, alimentando animales, picando piedra, cortando árboles o pesacando para poder comer. No importa su nacionalidad (de hecho no se desvela en el libro). Todos tienen algo en común: en la escuela encuentran el descanso a sus horas de trabajo y a su vez la esperanza de un futuro mejor. Por eso son felices. Y así se les ve en el libro: sonriendo.

Mientras leía he apuntado alguna frase:

“Si no hay escuela, la inteligencia se seca y muere”. Javier Reverte.

“Leer y escribir, las herramientas más importantes de cualquier vida”. Alonso Cueto.

“Los estudios te ayudarán a saber cuál es tu reto”. Soledad Puértolas.

“Cada vez que un niño enuncia un deseo, el mundo renace sin remedio”. Ricardo Menéndez.

Además de estos autores, escriben en el libro: Gustavo Martín Garzo, Espido Freire, Rosa Regas, Luisgé Martín, Hector Abad, Lola Beccaría, Santiago Rocagliolo, Care Santos, Marta Rivero de la Cruz, Fernando Iwasaki, Ángeles Caso y Vicente Molina Foix. A muchos de estos autores tuve la suerte de conocerles cuando trabajaba en Un idioma sin fronteras, razón de más para que me haya gustado el libro.

Los fotógrafos son: Walter Astrada, Lurdes R. Basolí, Renzo Giraldo, Álvaro Ybarra Zavala y Carlos Spottorno, éste último, junto a Fernando Marías, responsables de la edición.

Probablemente la foto que más me ha impactado es la de la mano de Noemí, cubierta de barro tras haber fabricado ladrillos, portando un tablón de madera.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: