Descontenta con mi operador móvil

Lunes, enero 30, 2012

A menudo recibo llamadas del 1004. Normalmente no las cojo. De hecho, alguna vez que me han encuestado sobre el servicio de mi compañía telefónica y la atención recibida siempre he dicho que son demasiado pesados con sus campañas de marketing telefónico.

En realidad no lo cojo porque hace años tuve una mala experiencia. Me encasquetaron un teléfono en teoría gratis. No me espeficaron que era a cambio de ¡24 meses de permanencia! Debí haberlo pensado. Está claro que en ningún sitio dan duros por pesetas. Desde entonces, desconfío de las ofertas telefónicas. Tengo miedo de no entender bien la letra pequeña, leída a una velocidad inversamente proporcional a su tamaño.

Hace relativamente poco, cogí una llamada del 1004 porque no cesaban en su intento de localizarme y temí que mi dispositivo comenzara a echar humo. Llamaban para ofrecerme que cambiara de tarifa porque el contrato “mi gente” que yo tenía había sido retirado del mercado y me lo cambiaban por algo que, no llegué a entender bien pero, según ellos era mucho más ventajoso. Volvió mi miedo a la letra pequeña o a la lectura rápida y decidí no acogerme a la oferta.

Mi factura asusta. Pago bastante más que otras personas que disfrutan de tarifa plana de voz y datos. ¿Cómo se come eso? Supongo que la clave está en que el día que me llamaron tenía que haberme acogido a la oferta que me hacían, pero no podía evitar hacerme esta pregunta: “¿Qué interés tiene mi compañía de teléfonos en que yo pague menos?”.

Tuve la oportunidad de lanzarle esta pregunta en confianza a un operador virtual de telefonía móvil y me dijo y que era para fidelizar al cliente. Pues a mí personalmente me fidelizarían más y consegurían que desconfíe menos si en vez de llamarme para ofrecerme una tarifa mejor, me hicieran el cambio automáticamente y me lo notificaran junto con una nueva factura en la que ya queda reflejado mi ahorro.

Ahora mismo me siento estafada. Cada vez que pienso todo lo que podía haber hecho con el dinero que me habría ahorrado si hace dos años me hubiera comprado un smartphone y hubiera contratado tarifa de datos… Lo sé, habría bastado con haberme comportado como un consumidor responsable, haber revisado mis facturas, haber acudido a la web y haber elegido una tarifa que se adaptara mejor a mi consumo. Pero ¿quién tiene tiempo, y sobre todo ganas, para esto? Es realmente complicado calcular tu consumo medio en tiempo, llamadas y sms y luego entender la tarifa que mejor se adapta a tu consumo.

Estoy pensando muy seriamente cambiar de compañía de teléfonos y lo más triste es que ya se lo he avisado y no están haciendo nada por retenerme. ¿Es así como me valoran?

 


La aventura de ingresar una hucha en el banco

Domingo, enero 29, 2012
Hucha Botella Coca-Cola

Hucha Botella Coca-Cola

Hace unos diez años, probablemente la Navidad en la que cambiamos de la peseta al euro, recibí una hucha enorme, con forma de botella de Coca-Cola, del Olentzero (un carbonero viejo que en Nochebuena baja del monte para repartir regalos). Diez años después, cuando el dinero sólo llegaba hasta la mitad, decidimos abrirla. Fue todo un ritual.

Empezamos a hacer montoncitos de monedas del mismo importe. Estaríamos fácil una hora tirados por el suelo contando dinero.

Cuando era pequeña, rellenábamos botellas de Font Vella con monedas de 25 pesetas. Era una buena manera de ahorrar, ya que estas monedas entraban con dificultad en la botella pero no salían hasta que la rompías. Recuerdo que por aquel entonces, hacíamos paquetitos con folios, los llevábamos al banco, decíamos la cantidad y se los quedaban allí para volverlo a contar. Unos días después, cuando habían comprobado que el importe era correcto, te lo ingresaban en la cuenta.

Ahora es recomendable llevarlo en los blíster que te da el blanco. Así que cuando terminamos de contar todas las monedas de la hucha de Coca-Cola (unos 1.800 euros), metimos el dinero en bolsitas, manteniendo las monedas clasificadas por tipos, y nos fuimos en busca de los blíster. Llevaba un listado con los que necesitaba. Hubo cachondeo en el banco: “Qué pasa, ¿has roto el cerdito? Llévate estos blíster, que no voy a perder el tiempo contando cuántos necesitas exactamente”. Me dio un montón al azar y como es lógico me sobraron de un tipo y me faltaron de otros.

Una vez llenos los blíster que tenía, los metimos en una mochila y fuimos a la sucursal bancaria más cercana a nuestra casa (el dinero pesa…). Se les había caído la red y nos pidieron que fuéramos a la sucursal más próxima. En la segunda sucursal, no conseguimos pasar el sistema de seguridad por exceso de objetos metálicos. Carlos se queda fuera con la mochila y entro yo sola a negociar. Les cuento que los objetos metálicos que me prohíben la entrada son dinero y que no tiene mucho sentido que me prohiban entrar al banco cuando lo que quiero es ingresar dinero. Les pido que me ofrezcan una solución y me dicen que vaya pasando cada blíster por la ranura del correo… Cuando me disponía a hacerlo, ojiplática y con paciencia, sale la encargada de la sucursal y me dice que ni se me ocurra hacer eso porque si me atracan, se considera que el atraco se ha producido fuera de la oficina y el banco no se hace responsable…

Finalmente decidimos probar suerte en una tercera sucursal. Aunque volvemos a pitar en el control de seguridad por exceso de objetos metálicos, esta vez nos abren sin dar más explicaciones aunque una vez dentro nos preguntan con tono de guasa: “¿No llevaréis una pistola en la mochila?”. Risas.

Después de sacar todos los blíster en ventanilla, la cajera se niega a ingresar el dinero. Nos dice que están en cuadro porque es puente y que no puede perder el tiempo en contar nuestro dinero… Acudo al subdirector, que es el que nos ha abierto la puerta, le muestro mi indignación y es él el que procede a contarlo e ingresarlo. Eso sí, me toca esperar más de una hora. En ese rato, veo cómo la señora de la ventanilla se niega a atender a otras tres personas.

Al terminar la operación, le pido más blíster para el resto del dinero que tengo en casa. Me da unos cuantos al azar y tampoco tengo suficientes para las monedas restantes. Cuando voy a ingresar el dinero empaquetado en la segunda hornada, pido más blíster y me dicen que no les quedan. Se lo comento al director de la oficina y le pido una solución. Para mi sorpresa, desaparece unos instantes y aparece con unos cuantos blíster que por fin me van a permitir ingresar todo el dinero.

¡Menuda aventura! Creo que en la próxima hucha sólo voy a echar billetes, aunque sean de cinco euros.


Tortugas en busca de hogar

Jueves, septiembre 16, 2010

El viernes pasado quedé con Laura y Gonzalo, dos amigos del cole a los que hacía tiempo que no veía. Laura fue mi gran amiga de la infancia. Tiene cuatro hermanas mayores, que cuando éramos pequeñas nos hacían mucho caso. El viernes pasado volví a coincidir con todas ellas, sus parejas y sus hijos. Ah, y también sus padres. Son una gran familia. Celebraban ocho cumpleaños.  Y donde caben 24, caben 25 🙂

Hoy me escribe una de ellas, Bea, para contarme que sus dos tortugas, que tienen un año, han crecido mucho y no caben en casa. Me pregunta si le puedo ayudar a encontrar a alguien que las quiera y que las cuide bien (en Madrid). Si os interesa, poneos en contacto conmigo. Basta con que pongáis un comentario en este post, rellenando el campo del mail.

Tortugas en busca de hogar

Tortugas en busca de hogar


Zara estrena tienda online

Jueves, septiembre 2, 2010

Hoy Zara estrena tienda online. En estos momentos, Google News recoge casi 2.000 noticias sobre el tema publicadas en la última semana. Google Trends refleja una creciente búsqueda del término “Zara” a lo largo de 2010.

Búsquedas del término "Zara" en 2010. Fuente: Google Trends

Búsquedas del término "Zara" en 2010. Fuente: Google Trends

Cuando buscamos “Zara” en Google el primer resultado es zara.com. En la descripción de la página, encontramos el texto en inglés: “You can find all the new clothes that arrive to our store once a week and you can also see the pictures of the catalogue and lookbook”.

Sin embargo, si limitamos las búsquedas a los resultados en español, la descripción que aparece en zara.com, también en primera posición, es:  “Aquí hay que poner una descripción que indexarán los buscadores y que se mostrará en sus resultados de búsqueda”. ¡Efectivamente se muestra en los resultados!

Descripción de Zara en Google

Descripción de Zara en Google

El mismo resultado obtenemos si hacemos la búsqueda en Yahoo.

¿Habrán rodado cabezas? No parece el mejor día para cometer un error como éste. Splitting  Ads sugiere que se haya hecho intencionadamente para conseguir viralidad.  Si es así, sin duda lo ha conseguido, porque son muchos los blogs y tweets que hoy se hacen eco del fallo. ¿Pero qué gana Zara consiguiendo que se viralice un error como éste? No creo que sea intencionado pues, tal y como comenta Carrero, en el código fuente de la página web de Zara ya se puede leer la descripción correcta: “Podrás comprar las prendas nuevas que llegan cada semana a nuestras tiendas y también encontrarás las fotos del Catálogo, Lookbook y Colección”. ¿Cuánto tardará la descripción errónea en desaparecer de los buscadores?


Jugando a las palas

Miércoles, septiembre 2, 2009

Gong, uno, bang, dos, gong, tres, bang, cuatro, gong, cinco, bang…”¿Quieres jugar con nosotros?”. Hacía rato que un niño muy moreno, de no más de un metro de altura, armado con una pala de madera, nos miraba sin pestañear. No hizo falta que contestara. Su blanca sonrisa, el brillo de sus ojos y su predisposición hablaron por él. Gong, bang, pac, bang, gong, pac, gong, bang, gong, pac…

De reojo, mirábamos nuestra bolsa. No podíamos evitar pensar que tal vez aquel niño sólo buscaba mantenernos entretenidos mientras sus complices nos robaban.

Gong, pac, bang, gong, pac, bang, gong…”¿Puedo jugar con vosotros?”. Otro niño de la misma estatura pero de piel más pálida nos miraba con envidia. “¿Tienes pala?”. En segundo plano, su madre contesta avergonzada: “No, no tiene”. El primer niño echa a correr gritando: “Yo sí tengo. Te la dejo”.

Gong, pac, bang, pac, gong, pac, bang, pac, gong, pac…”¿Cómo te llamas?”, le pregunta el primer niño al segundo. Gong, bang, pac…”Alberto, ¿y tú?”. Bang, gong, pac…”Erik. ¿Y vosotros?” Gong…”Usúe”. Bang…”Y Carlos”. Pac, gong, pac, bang, pac…”¿Me dejas tu raqueta?”. Carlos cede su pala a Erik. Gong, gong, gong, bang, pac…”Qué malo eres Alberto. ¿Por qué no le das?”. Una nueva personita entra en escena. Era la hermana de Alberto, una rubia peligrosa, con raya en el medio y una trenza a cada lado. “¿Me la cambias?”, le pregunta Alberto a Erik, que resignado recupera su desgastada pala de madera. Gong, bang, pac, pac, gong, pac, pac, bang…

Empieza a anochecer. “Alberto, venga, nos tenemos que ir”. La familia, con los bártulos recogidos, nos observa jugar. “Cuando se vaya Alberto, ¿puede jugar mi hermano?”, pregunta Erik. “Es que nosotros también nos tenemos que ir”. Erik recoge sus palas, echa a correr y comienza una nueva partida con su hermano en la orilla del mar.

Las palas de Conento

Las palas de Conento

Antes del verano, Macarena Estévez, fundadora de Conento, nos regaló unas palas naranjas, el color corporativo de la empresa. Tenían una peculiaridad: la zona con la que se golpeaba a la pelota era una membrana de plástico que vibraba al dar a la bola. Una debía estar más tensa que la otra porque sonaban de modo diferente, lo que llamaba la atención de los que pasaban a nuestro lado.


Imax

Martes, julio 21, 2009

El sábado fuimos al Imax. Cuando íbamos a entrar en la sala, pensé que no sería una mala idea ir al baño. Como siempre, en el de chicas había cola. Yo entré la última. Y me costó salir. El pestillo no corría bien. Cuando llegué de nuevo a la sala, estaban cerrando la puerta. La luz ya estaba apagada. La acomodadora me dio unas gafas pero las rechacé porque mis amigos ya había cogido unas para mí.

Subí lentamente las escaleras buscando alguna cara conocida. No veía a nadie. Miraba con atención esperando que  me hicieran alguna señal. De repente, todo el mundo levantó los brazos, como si me saludaran. Una inmensa sensación de agobio recorrió mi cuerpo. Estaban intentando coger una de las muchas medusas que, para aquellos que llevaban puestas las gafas polarizadas especiales, invadían la sala.

Pensaba que nunca encontraría a mis amigos. No tenía batería en el móvil. Ni unas gafas para sentarme yo sola y disfrutar de la película. En ese momento vi levantarse a Carlos.

La primera película, “Profundidades marinas“, nos gustó mucho. Bellas y coloridas especies de distintos fondos oceánicos. Dos narradores, hombre y mujer, relatan con un toque de humor la relación entre deprerador y víctima que hacen que los ecosistemas vivan en equilibrio.

La segunda, “Egipto en 3D“, no me gustó. Las reconstrucciones del pasado resultan bastante inverosímiles y el hilo argumental, un tanto vago. Un grupo de investigadores crea una momia con el mismo sistema que lo hacían los egipcios para tratar de extraer una muestra de ADN. Si lo consiguen podrán hacer lo mismo con las momias que se han conservado en buen estado y conocer por ejemplo cómo ha evolucionado la Malaria, enfermedad por la que murieron varios faraones y que actualmente mata a 1.300.000 personas al año. Suena mucho mejor de lo que resulta el documental final.


Lista (¿o tonta?) de espera

Jueves, julio 9, 2009

El año pasado, al volver de las vacaciones de verano, una buena amiga empezó a sentir los primeros síntomas de lo que meses después sería una piedra en la vesícula de la que tendría que operarse.
Ahora que ya le han intervenido, nos entra la risa recordando la odisea que vivió hasta que superó con éxito la cirugía. Pero imaginen cómo lo pasó hasta entonces…
Primer episodio: confunden su expediente con el de un anciano. Le dan la hora que le correspondía al buen hombre. Ella, ni corta ni perezosa, se presenta allí el día indicado y cuando llaman al señor se levanta y se dirige hacia la enfermera. “Pero…¿usted no es Herminio Pérez?”, le increpa la auxiliar de clínica. “No, señora. Se confundieron y me dieron la hora de otra persona”, contesta mostrando sus documentos clínicos. “Menos mal que se ha dado cuenta. Si no, tal vez le habrían operado otra parte del cuerpo” (entiendo que esto fue un chiste para quitarle hierro al asunto).
Segundo episodio: le hacen firmar que cuando le llamen para ser intervenida deberá estar localizable y en ningún caso rechazar la fecha que se le proponga para la operación o pasará a la última posición de la lista de espera.
Tercer episodio: Le llaman, le dicen que en el hospital que le corresponde hay una larga lista de espera de aproximadamente seis meses y que si quiere que le operen en menos de 30 días (es decir, en pleno mes de agosto) puede cambiarse de hospital. Le leen a toda velocidad una ristra de siete hospitales y a bote pronto le exigen una respuesta. Ella pide tiempo para pensárselo y le dicen que le llamarán en una hora. No lo hacen hasta 24 horas después. ¿Se imaginan su agonía pensando que por haber pedido esa prórroga para pensar le hubieran puesto la última de la lista? Finalmente decide quedarse en el mismo hospital (“más vale malo conocido que bueno por conocer”).
Cuarto capítulo: tres días después, a las 8:00 de la mañana, le llaman para decirle que esa misma tarde se presente en el hospital para ser intervenida al día siguiente. Así lo hizo. Todo salió estupendamente.
Epílogo: Seis días después de la operación, mi amiga recibe una carta certificada en la que se le informa de que “ante su libre elección de no aceptar la oferta de derivación a un centro alternativo y en cumplimiento de la Orden 602/04, permanece pendiente de ser programada en su hospital de referencia en el plazo que permitan los recursos disponibles y no será de obligado cumplimiento realizar su intervención dentro del compromiso de tiempo máximo de espera”. En la carta se le da la oportunidad de repensarse su decisión.