Charlotte. Bar-restaurante en Chueca (Madrid)

Sábado, febrero 23, 2013

Fuimos de Alonso Martínez hacia Chueca buscando un sitio agradable en el que poder tomar algo y hablar tranquilamente. Aunque nos pareció que había menos ambiente que hace unos años por la misma zona, los bares estaban llenos y la música demasiado alta. A la altura del mercado de San Antón, nos abordó un chico. Vaqueros, cazadora marrón de cuero claro y un gorro de lana con pompón. “Chicos, ¿os apetece tomar algo? En Charlotte tenemos un 3×2 en copas. Ambiente agradable, música de los 80, chucherías…Os podéis sentar, hablar…El camarero es muy simpático”. Automáticamente Carlos y yo pensabamos lo mismo: “Ahora llega, se quita el gorro y nos sirve las copas. O en su defecto, tiene un hermano gemelo”.

¡Qué más de puede pedir! Decidimos probar suerte.

Nos dirigimos hacia la calle Válgame Dios. Nos recibieron con una canción de los Rodríguez, de esas que me sé aunque no recuerdo haber apredido. Había una mesa con una única silla. Nuestro guía nos preguntó si nos queríamos sentar. “Si se puede…”. Trasladó la mesa y la silla a otra esquina del local, sacó 5 sillas más y nos acomodó. Inmediatamente trajo la copa llena de chucherías y una carta con una amplia varidad de batidos, zumos, smoothies, cócteles, etc. Los que probamos estaban muy buenos.

Buscando información sobre el bar, he descubierto que también es restaurante y tiene muy buena pinta: moussaka, risotto al funghi, costillas de aceite ibérico con miel, mostaza y cerveza, crêppes y gofres, entre otros platos. Habrá que volver.

La decoración del Charlotte tiene mucho encanto. Las sillas son variadas, de diferentes colores, en su mayoría pastel, de metal o de madera, altas o bajas. Las lámparas son de tela de cuadros de colores variados. Se exponen cuadros. Había al menos dos colecciones diferentes: una de retratos de personajes famosos y otra de coloridas escenas circenses.

El servicio, muy atento.

Recomendado: Charlotte. C/Válgame Dios 4, Madrid.


Restaurante El Tinterillo de Málaga

Domingo, febrero 17, 2013

En la Carrera de San Jerónimo 32 de Madrid, han abierto El Tinterillo de Málaga, más que un restaurante, toda una experiencia. Nos adentramos en el “barco” sin saber muy bien qué nos esperaba. “La conchita malagueña. La Concha, la Sara, la Juana…”, grita un camarero subiendo las escaleras.

Nos tocó en la planta de abajo, una cueva con mesas y bancos corridos que, en cuestión de minutos, se llenó. “La auténtica pescadilla, la que se muerde la cola”. Otro camarero nos ofrece un plato mientras tomamos asiento. “¿Les voy trayendo algo de beber?”. ¡Qué gracia tienen los malagueños con su acento! Y yo me preguntaba… ¿Habrá que ser malagueño para trabajar aquí? ¿Imitarán el acento? ¿Se les irá pegando?

El hijo del nieto de “El Nono”, que abrió el primer “Tintero” en Málaga, ha decidido venirse a Madrid con sus primos para hacernos disfrutar de una experiencia similar a la que se vive allí.  “¡Coquinas, calamares, gambitas a la plancha!”.

En la página web de El Tinterillo de Málaga, he podido descubrir su curiosa historia. “El Nono” tenía un tintero de redes de algodón que, con el salitre, se rompían y pronto fueron sustituidas por las de nylon, traídas de China. Viendo que el negocio se iba al traste, “El Nono” decidió montar un restaurante. Fue su nieto, que trabajaba allí desde que era niño, el que un día, ante la enorme cantidad de gente que había en el local, no daba abasto y empezó a sacar los platos de la cocina y a ofrecerlos a gritos entre los comensales, sin necesidad de que previamente los hubieran pedido. Hoy es la esencia de El Tinterillo de Málaga. “¡Salpicón, pulpo frito, cazón en adobo…!”

“¿Qué, me tenéis miedo? ¿No queréis que me acerque? Yo soy el que cobra…”. Se acercan a tu mesa, cuentan los platos, bandejitas y bebidas consumidas, y te dan la cuenta. Así de sencillo.

“¡Manda huevo, el manda huevo!”. No podía terminar el post sin hablar de este plato, que tendré que volver para probar: chanquetes, con pimiento asado y huevo frito…

El Tinterillo de Málaga. Carrera de San Jerónimo 32. 911568913


El lago Rotorua

Sábado, marzo 24, 2012

Parte del atractivo de Rotorua (y de Nueva Zelanda en general) son sus lagos. Hemos tenido la suerte de estar alojados dos noches en The Lake House, el Bed & Breadfast de Kent y Carol. Cuando entramos en la habitación, no podíamos creerlo. La pared de en frente de la cama era íntegramente de cristal, con vistas al lago Rotorua. Sólo nos separaba de él una explanada de césped verde. Nos enseñaron la casa y el jardín, en el cual descubrimos una pequeña casita que albergaba el jacuzzi, también con vistas al lago. ¡Menudo lujo! Y no teníamos ni idea.

Vista del lago Rotorua desde el jacuzzi

Vista del lago Rotorua desde el jacuzzi

Después de visitar Whakarewarewa, dimos un paseo bordeando el lago Rotorua, hasta el aeropuerto, y nos dimos un baño en el jacuzzi.

La primera noche cenamos en Wai Ora, un restaurante que nos recomendaron Kent y Carol, que está a cinco minutos de la casa. Los platos estaban muy bien presentados. Carlos probó la cerveza Mata y yo el vino de Kiwi. De postre tomamos una tabla de quesos de la isla y pavlova, una especie de merengue típico.

Presentación de platos en Wai Ora

Presentación de platos en Wai Ora

La segunda noche cenamos en Ale House, un bar restaurante Kiwi. Carlos pidió una hamburguesa, que resultó ser enorme. Y yo, medio costillar (“son solo seis costillas”, me dijeron). Solo seis, pero de qué tamaño. Las costillas más grandes que he visto en mi vida.

Los desayunos de Carol resultaron ser también impresionantes. El primer día, tortilla, curiosamente hecha al horno. El segundo día, bacon y tostadas con sirope de arce. Según nos comentaba intenta hacer cada día un desayuno diferente para no aburrir a sus huéspedes.

Con Carol hemos tenido la oportunidad de hablar sobre los Bed & Breakfast, que poco tienen que ver con los de Reino Unido, mucho más impersonales. Aquí suelen estar regentados por familias británicas que buscan relacionarse con los extranjeros que visitan la isla. En su caso, ella era profesora y cuando se jubiló tenía miedo de echar de menos el contacto con la gente. Por eso decidió convertir su casa en un Bed & Breadfast. Cuando nos hemos ido, han salido a despedirnos a la puerta.


Sexto día en Nueva York: frío paseo

Viernes, noviembre 18, 2011

Hoy hemos desayunado en otro deli, muffin de frutos del bosque y una fresa bañada en chocolate que se me ha antojado. La mañana se nos ha pasado volando paseando por Quinta Avenida, entrando y saliendo de sus impresionantes tiendas e iglesias.

Muppets a  medida en F.A.O

Muppets a medida en F.A.O

Hemos pasado a la juguetería F.A.O. Tenía ganas de entrar porque es  donde está The big piano, el que sale en la película “Big”. Sin embargo, la tienda es mucho más pequeña que Hamleys, en Londres. Sé que las comparaciones son odiosas, pero la tienda de Londres me encanta y de la de Nueva York, que tiene tanta fama, esperaba más.

Lo que más me ha gustado es que te puedes hacer un muppet a medida. Luego hemos estado en otra tienda en la que puedes personalizar tu osito.

Lo que más nos ha sorprendido de F.A.O ha sido un futbolín en el que los jugadores eran Barbies.

También hemos entrado en Tiffany, que ya estaba preparada para Navidad. La del ascensor tenía un cachondeo… “¿Alguien se baja en la segunda? ¿Queréis diamantes? ¿No queréis diamantes? ¿Tal vez en la próxima visita?”.

Tiffany en Navidad

Tiffany en Navidad

En la Quinta Avenida también está la Torre Trump, en cuyo interior se puede ver una cascada descendiendo por una pared de mármol rosa. No tiene mucho más atractivo, salvo la tienda de Nike, que tiene unas cinco plantas.

Seguro que habéis oído hablar de Abercrombie & Fitch. A nosotros nos habían hablado de los impresionantes dependientes. A mí lo que más me ha sorprendido es el buen olor y la buena música nada más entrar. Con un poco de tiempo creo que me habría comprado media tienda. Estaba toda la ropa ordenada por colores que es algo que me encanta.

También hemos entrado en Henry Bendel, un centro comercial de accesorios de lujo, en el que está todo colocado con mucho gusto.

Hemos terminado nuestra mañana de no-shopping en la tienda de la NBA y en la de Lego.

Lego Store en Nueva York

Lego Store en Nueva York

Como os comentaba al principio, también hemos entrado en un par de iglesias, las dos muy diferentes pero igual de grandiosas: St. Thomas y St. Patrick. Es curioso porque en un entorno de rascacielos no parecen tan grandes ni llaman la atención hasta que entras dentro.

Pizza grande en Grimaldi's

Pizza grande en Grimaldi's

La lluvia y el frío empezaban a ser desagradables, así que hemos cogido el metro para ir hacia Brooklyn. Hemos paseado un poco por allí, hasta dar con la pizzería Grimaldi’s, que nos había recomendado todo el mundo. Hemos llegado sobre las 16:00. Nos habían dicho que había mucha cola, pero se ve que a esas horas, que no es ni la de comer ni la de cenar, hay sitio. Cuidado, porque el horno cierra de 17:00 a 19:00.

El camarero nos ha recomendado pedir la pizza grande. Es como la familiar del Telepizza. Nos ha debido ver con hambre. Y lo cierto es que ha caído. Eliges los ingredientes. Nosotros: pepperoni, tomate seco y aceitunas negras. Esta noche cenamos cookies y batido de vainilla en el hotel. No nos cabe más.

Al salir de Grimaldi’s, que ya se había hecho de noche, nos hemos encontrado con una impresionante vista de Manhattan y cinco helicópteros sobrevolando la zona.

Manhattan desde Brooklyn

Manhattan desde Brooklyn

De nuevo hemos cogido el metro. Nuestro objetivo era adentrarnos en Chinatown, Little Italy y el Soho, que el otro día atravesamos sin darnos cuenta. Al salir del metro había muchísima policía y los helicópteros de antes estaban casi encima de nuestro objetivo. Finalmente hemos terminado encontrándonos con una manifestación del movimiento Occupy Wall Street.

En Chinatown Carlos ha comprado carne seca picante, como la que tomamos cuando estuvimos en China. En Little Italy, nos han intentando convencer para entrar en varios restaurantes. Todos tenían muy buena pinta pero todavía teníamos la pizza de Grimaldi’s muy presente.

Little Italy

Little Italy

Y en el Soho, hemos pillado casi todas las tiendas cerradas. Es algo que me sorprende de esta ciudad: la mayoría de las tiendas cierran sobre las 19:00, aunque luego te encuentras otras que abren hasta medianoche o incluso 24 horas.

De camino al hotel hemos entrado en una “pharmacy“, que es un extraño concepto de comercio. Por el nombre podríamos pensar que es un farmacia, de hecho es posible encontrar algunas medicinas y la prescripción del farmaceútico. Sin embargo la tienda es enorme. Hay principalmente artículos de droguería, pero también es posible comprar algunos productos de alimentación.

Hoy hemos llegado antes al hotel para coger fuerzas para mañana, que esperamos que haga buen tiempo.


La Gabinoteca

Martes, febrero 22, 2011

Hoy por fin hemos ido al restaurante La Gabinoteca. Y digo por fin porque hace tiempo que queríamos ir pero no admiten reserva y siempre que íbamos había una larga lista de espera. Hoy hemos llegado a las 20:30 y no hemos tenido problema.

Algo parecido nos pasa con Las tortillas de Gabino, restaurante del mismo dueño, al que todavía no hemos conseguido ir. Habrá que seguirlo intentando.

El restaurante tiene dos alturas y distintos ambientes en función de la mesa que elijas. Si es tu primera vez, el camarero te explica la carta de vinos. La han elaborado conjuntamente un sociólogo y un enólogo. Tienes que ir contestando a una serie de preguntas y según lo que respondas llegas a un vino u otro.

Después te recomienda pedir entre dos y tres platos por persona porque las raciones son pequeñas. Nosotros hemos empezado con un par de croquetas de jamón. Redondas y muy suaves. Luego, salmorejo, en un pequeño vaso. A continuación, queso de raclette con patata, servido en una jarrita de las de antaño para colar y reciclar el aceite. Al mismo tiempo, nos han servido la fideata con pulpo y sepia, que mejora mucho al mezclarla con el all i oli. Por último, magret de pato con kikos, que le aportan un sabroso toque crugiente. De postre, hemos elegido la brutal espuma de chocolate caliente (y lo de brutal no lo he dicho yo, sino que es parte del título) y panna cotta con fresas estofadas.

Volveremos para probar el “Juan Palomo, ya sabes, yo me lo guiso yo me lo como”, un postre que consiste en construir tu propio plato a partir de los ingredientes que te llevan a la mesa, sacar una foto, subirla a la web y participar en un concurso, cuyo premio es una cena para dos personas. Buena idea…

Un dato más: los lunes un mago pasa por las mesas haciendo trucos para los comensales.

Precio medio: 22 euros.

Fernández de la Hoz, 53. Madrid.


Mendi Goikoa

Lunes, abril 19, 2010

El domingo mi prima Miriam, de los Coras de Vitoria, jugaba un partido de baloncesto contra los Jesuitas de Durango. La idea era ir a verlo, comer por allí y volver a Madrid. Mi tío Eduardo buscó en Google  “Comer en Durango” y, todavía no tengo muy claro cómo, dio con Mendi Goikoa (en lo alto del monte), que está en Atxondo.

Mendi Goikoa

Mendi Goikoa

Al terminar el partido, metimos la dirección en el Tom Tom y nos dejamos guiar. Nos alejábamos de Durango. Nos acercábamos a la montaña. Empezábamos a subir. El camino de cabras se estrechaba. El Tom Tom empezaba a decir “cuando pueda, dé la vuelta”. ¡Qué agobio! ¡Qué recuerdos!

Habitación en Mendi Goikoa

Habitación en Mendi Goikoa

Más arriba divisamos un par de caseríos. El camino se ensancha y aparcamos. Uno de los edificios estaba cerrado a cal y canto. Era el hotel, que sólo abre de abril a noviembre. Llamamos al gran portón de madera de la otra construcción. Cuesta que nos oigan. Abre una mujer, vestida con un traje tradicional. Parecía que hubiéramos viajado en el tiempo. Nos invita a pasar.

Toda la casa está decorada como antaño. En el comedor, una inmensa chimenea encendida nos espera. Nos reciben con una ensalada de rape. Luego elegimos varios platos para picar y encargamos el postre, que irán elaborando mientras comemos. Y antes del segundo, nos invitan a un consomé calentito. Las raciones son generosas.

Desde el comedor parten unas escaleras. Varias habitaciones y un baño, decoradas como lo hicieran sus primeros dueños a mediados del siglo XIX, sorprenden al curioso visitante que ose subir.

El restaurante no es barato pero merece la pena la experiencia.


Smart Box

Lunes, marzo 22, 2010

Mis compañeros de trabajo me regalaron por mi cumple, entre otras cosas, una Smart Box de Cocinas del Mundo, con la que disfrutar de una comida para dos personas en uno de los 45 restaurantes de gastronomía internacional repartidos por España. En Madrid, se podía elegir entre El Inti de Oro (peruano),  Naomi Grill (sabores judíos y mediterráneos), Olsen (escandinavo), Royal Fenix (cocina fusión asiática), Sushi Itto (fusión de cocina japonesa y occidental) y el Medina Mayrit, por el que finalmente hemos optado.

Ya conocíamos los baños, pero nos apetecía probar el restaurante. Además, de los menús ofertados, nos parecía el más completo: un primero y un segundo a elegir entre tres, un surtido de repostería morisca y té.  De primero nos hemos decantado por el salmorejo y las croquetas de jamón. Los dos platos estaban buenísimos aunque no eran muy árabes. Para resarcirnos, de segundo hemos pedido los dos cuscús. También estaba bueno aunque para mi gusto llevaba demasiadas pasas (es que no me hace gracia mezclar ingredientes dulces con salados…).

El postre, dulce pero no empalagoso, con el frescor del té caliente a la menta, me ha sabido muy bueno y me ha recordado a mis viajes a Marruecos, Túnez o Turquía.

Lo único que no me ha convencido es que, al pagar con Smart Box, no te dejan reservar por la noche y disfrutar así del espectáculo de danza del vientre. Habrá que volver sin Smart Box.

Muchas gracias a todos los que participasteis en el regalo.