Shopping en Hong Kong

Domingo, mayo 6, 2012

Aunque no teníamos pensado comprar nada, todo el mundo nos había recomendado ir de compras en Hong Kong. Nathan Road está repleta de tiendas que cierran a las once de la noche y para no romper nuestra tradición de los últimos viajes, nos compramos unas zapatillas. A fin de cuentas, necesitábamos unas de trecking para Nueva Zelanda y qué mejor sitio para comprarlas.

En la zapatería descubrimos que en Hong Kong son expertos en venta. ¡Qué grandes comerciales! Nos íbamos a llevar sólo unas botas de trecking pero acabamos saliendo con un par de zapatillas más, porque si nos llevábamos otro par de la misma marca nos hacían un diez por ciento de descuento en el total de la compra. Lo que no nos contaron hasta después de pagar es que ese diez por ciento no se hacía efectivo hasta la siguiente compra. Nos dieron una tarjeta de puntos que caduca en diciembre de 2012, así que…habrá que volver. Eso sí, estamos encantados con las zapatillas que nos vendieron, que son cuatro calzados diferentes en uno.

Botas de trekking y zapatillas 4 en 1

Botas de trekking y zapatillas 4 en 1

Por si no hubiéramos tenido suficiente con esta experiencia de shopping, compramos también una cámara de fotos, aunque luego la devolvimos. En esta ocasión las técnicas persuasivas del vendedor no solo no le funcionaron sino que provocaron en nosotros el efecto contrario, hasta el punto de echar atrás la compra. Cuando ya habíamos comprado la cámara (íbamos a tiro hecho a por un modelo que habíamos visto en España y que en Hong Kong costaba mucho más barato) otro vendedor intentó encasquetarnos otra cámara mejor, evidentemente más cara. Para ello, empezó a criticar la cámara que habíamos comprado, mostrándonos las virtudes de la que nos quería vender. Nos decía: “sólo tenéis que pagar la diferencia y os lleváis una mejor…y os regalo el trípode…y una tarjeta con más memoria y…”. Criticó tanto la cámara que nos llevábamos, que nos convenció de que habíamos hecho una mala compra. Pero lejos de llevarnos la otra, que era mejor, decidimos renunciar a la compra e irnos sin nada.

El vendedor no salía de su asombro: “¿Una hora después y os vais sin nada? ¿Cómo le explico esto a mi jefe?”. Nos cabreó bastante que no nos hubieran explicado tan bien las ventajas e inconvenientes de la cámara antes de pagarla. Curiosamente el primer pago lo hicimos con bacaladera, lo que nos permitió anular la compra con una simple rasgadura del papel. El segundo pago, cuando casi sucumbimos a llevarnos la cámara más cara, lo íbamos a hacer con datafono, lo cual nos mosqueó todavía más.


24 horas en Hong Kong

Sábado, mayo 5, 2012

El viaje a Nueva Zelanda desde España es tremendamente largo. Tres horas hasta Londres. Tres horas de escala. Once horas de vuelo hasta Hong Kong. Dos horas de escala. Y otras once horas de vuelo hasta Auckland. Decidimos, creo que con acierto, hacer escala de 24 horas en Hong Kong.

El hotel, el Nathan, estaba genial. Nos pusieron en una habitación enorme, en la piso 11. Salimos a dar una vuelta por el Night Temple Market y allí mismo cenamos en una terracita: pollo al limón (nada que ver con el que tomamos en España) y  noddles con marisco.

Después paseamos por la calle Nathan, hasta llegar a la Start Avenue, e hicimos algunas compras. En la Start Avenue, hay estrellas en el suelo con el nombre y en algunos casos también la huella de las manos de actores de cine local. También hay algunas estatuas del mundo del cine, entre ellas la de Bruce Lee. Pero lo más impresionante de la Start Avenue es la vista del skyline de Hong Kong.

Estatua de Bruce Lee y Skyline de Hong Kong

Estatua de Bruce Lee y Skyline de Hong Kong

Las horas restantes en Hong Kong las dedicamos a pasear por el parque de Kowlon, donde nos entretuvimos visitando el aviario. Luego nos metimos en un restaurante con idea de tomar pato laqueado porque teníamos muy buen recuerdo del que comimos cuando estuvimos en China (nada que ver con el que conocemos en España). Buscamos un restaurante tan auténtico, que no había forma de entenderse. Finalmente conseguimos que nos pusieran pato, aunque no precisamente laqueado.

Flamencos en el parque Kowlon, Hong Kong

Flamencos en el parque Kowlon, Hong Kong

Para ir al aeropuerto cogimos el autobús A21. Costaba 33 dólares por persona. Solo teníamos un billete de 100 y no daban cambio. En Madrid es similar, pero en Madrid te dan la posibilidad de bajarte del autobús o preguntar al resto de los pasajeros si tienen cambio. Aquí nos obligaron a pagar los 100 dólares, quedándose los casi 40 dólares restantes. ¡Qué cara!


Kelly Tarlton’s Antartic Encounter y Underwater World, Nueva Zelanda

Miércoles, mayo 2, 2012

Antes de dejar Auckland y partir hacia Rotorua, recorrimos la zona de Tamaki Drive, al este de la ciudad. Las vistas de Auckland desde aquí son impresionantes. Es un paseo muy agradable bordeando el mar. Aunque no había mucha gente, dicen que son buenas playas y vimos a varias personas haciendo Kytesurf.

Justo donde aparcamos, estaba el Kelly Tarlton’s Antartic Encounter y Underwater World. Decidimos entrar porque Donald nos había dicho que si nos sobraba tiempo visitáramos la colonia de pingüinos de la Antártida. Es realmente impresionante. Te puedes tirar horas mirándolos porque estos pájaros, conocidos como “bobos”, son super divertidos. Además, tal y como están puestos, los ves tanto cuando caminan por el hielo como cuando se lanzan a nadar o viceversa. Esto fue lo que más me hizo reír: cómo saltan para salir del agua al hielo.

Imagen

Pero en el Kelly Tarlton’s Antartic Encounter y Underwater World hay mucho más que pingüinos, lo cual fue una grata sorpresa. Hay una amplia variedad de peces, tiburones, caballitos de mar, crustáceos, moluscos….

Momentos memorables:

–          Dos caballitos de mar entrelazados

–          El encargado alimentando un par de peces manta

–          Los cangrejos ermitaños saliendo de la caracola

–          Los peces Nemo escondiéndose entre las algas

–          Un pez a lunares

–          Una tortuga comiéndose una estrella de mar

Imagen

Camino de Rotorua paramos en Hobbiton (Matamata), lugar en el que se rodó El Señor de los Anillos, y en Tirau, donde fuimos siguiendo un cartel que decía “Castle”, aunque el tal castillo era propiedad privada y no pudimos pasar, y otro cartel que rezaba “Deer park”, que sólo se podía visitar previa cita y con guía. De lejos pudimos sacar una foto de un grupo de cervatillos, que se asustaron al vernos llegar.


Christchurch (con terremoto incluido)

Domingo, abril 8, 2012

En Rotorua cogimos el avión hasta Christchurch para iniciar nuestro tour por la isla sur. El viaje es en un pequeño avión de hélices que vuela a poca altura, con lo cual vas viendo el increíble paisaje.

Al llegar a Christchurch fuimos a Orari Bed & Breadfast. Este es más grande y más impersonal. Tiene más habitaciones. Cuenta con parking para los huéspedes y un montacargas para las maletas, que se agradece.

Mientras nos cambiábamos de ropa, sentimos un terremoto de 4,1 en la escala de Richter. La verdad es que nos dio un poco de miedo porque media ciudad está devastada por varios terremotos de intensidad superior a 6 que se produjeron entre 2010 y finales de 2011. Le preguntamos a la mujer de recepción y nos dijo que los temblores son habituales pero que éste no había sido nada.

Christchurch tras el terremoto

Christchurch tras el terremoto

Salimos a dar un paseo y la verdad es que no hay mucho que ver. El casco viejo, que era la parte bonita de la ciudad, está vallada porque está en ruinas por el último terremoto. Vimos  algunos edificios destrozados y la verdad es que da cosa.

En Christchurch los temblores son algo habitual hasta el punto que tienen una página web que recoge información sobre los terremotos que se producen a diario.

Días después, en Kaikoura, nos dijeron que los turistas tienen miedo a ir a Christchurch, por los terremotos, cuando en realidad se producen en toda la isla y hay zonas, como Wellintong, en las que son mucho más peligrosos, porque en Christchurch, todo lo que se podía caer, ya se cayó en 2011.

En la playa de Santa Mónica, en Los Ángeles, nos encontramos este cartel.

¿Da cosa, no?

Peligro de Tsunami en Santa Mónica

Peligro de Tsunami en Santa Mónica

Lo más provechoso de la tarde en Christchurch fue nuestro paseo por el jardín botánico. Es impresionante. Es como el Retiro pero con infinidad de especies diferentes de árboles y plantas. Me gustaron especialmente las hortensias y las dalias.

Hortensia en el jardín botánico de Christchurch

Hortensia en el jardín botánico de Christchurch

Terminamos le jornada cenando en The Coffee House. Lo más destacable de la carta son los diferentes cortes de carne, con los que eliges la salsa y el acompañamiento, y también los postres.


Ballenas, delfines y focas en Kaikoura

Jueves, marzo 29, 2012

Fuimos a Kaikoura para ver ballenas. Al llegar al punto de encuentro nos comentaron que la excursión todavía no estaba confirmada. Esperaban noticias del capitán. Hacía un día precioso y no entendíamos que la excursión pudiera cancelarse pero luego comprendimos que no dependía de que hiciera sol, sino del estado de la mar y de que las ballenas estuvieran o no por la zona. Finalmente nos comentaron que había una única ballena y que la mar estaba revuelta con lo cual había alto riesgo de mareo y recomendaban tomarse algo para evitarlo.

El paseo en barco fue bastante movidito. Pegaba unos botes tremendos. Afortunadamente nos habíamos tomado una biodramina. De no haber visto a la ballena, el paseo en barco habría sido un consuelo, ya que fue bastante emocionante y divertido.

El capitán metía un micrófono al mar que le permitía escuchar a la ballena. Las dos primeras veces no escuchaba nada. A la tercera, nos dijo que miráramos a la derecha. Y la ballena apareció. Era enorme. Y muy tranquila. Cada ratito soltaba el chorro de agua que caracteriza su respiración. Y al final, previo aviso del capitán, la ballena se sumergió lentamente y conseguimos sacar la foto característica de la cola.

Ballena en Kaikoura

Ballena en Kaikoura

Posteriormente, nos llevaron a ver delfines. Cientos de delfines jugueteando alrededor del barco. Nos encantó.

Delfines en Kaikoura

Delfines en Kaikoura

Ya por nuestra cuenta, fuimos a Point Kean a ver focas. Aunque es donde teóricamente están tomando el sol, allí solo vimos dos. Fue aproximadamente un kilómetro antes, en la playa, donde encontramos una. Se mostró tranquila a pesar de que nos acercamos bastante.

Foca en Kaikoura

Foca en Kaikoura

De camino a Picton, a unos 26 km de Kaikoura, desde el coche, vi otra foca y nos paramos para verla mejor. Así, de casualidad, descubrimos un riachuelo en el que las crías de foca, menores de un año, juguetean para fortaleces los músculos, esperando ser alimentadas por sus madres, hasta tener la fuerza suficiente para buscar su propio alimento en el mar.

En Kaikoura estuvimos en un nuevo bed & breadfast impresionante: Bendamere House. Las vistas son de película.

Nos recomendaron cenar en Green Dolphin. Probamos los mejillones de labios verdes (tienen el borde de la concha verde y el interior nacarado), calamares y un crayfish (una especie de langosta, sin pinzas grandes porque no tienen depredadores de los que defenderse).


Elige tu propia aventura en Abel Tasman

Miércoles, marzo 28, 2012

Aunque Abel Tasman es el parque nacional más pequeño de Nueva Zelanda, su tamaño impresiona (225 kilómetros cuadrados). Hay rutas que duran desde varios días hasta un par de horas (la que hemos hecho nosotros). La vegetación exuberante y las vistas a un mar verde escarlata o turquesa en función del momento son impresionantes.

Habíamos contratado una excursión de un día completo con la compañía Wilsons. El día comenzaba con una ruta de dos horas en Kayak, desde Kaiteriteri hasta Split Apple Paddle, una roca milenaria partida por la mitad, cercana a la orilla. Lo pasamos muy bien y vimos varias especies de aves muy bonitas, que no habíamos visto nunca.

Split Apple Paddle (Abel Tasman)

Split Apple Paddle (Abel Tasman)

A la vuelta, nos tenían preparado nuestro “lunch” en una bolsita de papel: quiche de espinacas, rollito de primavera, un muslo de pollo, una cookie, una chocolatina, un zumo, una naranja y una manzana. Para ser un pic nic contratado estaba muy currado, la verdad.

Después de comer, cogíamos un barco que nos llevaba hasta Tonga  Quarry. Allí empezaba la ruta a pie hasta Medlands Beach, donde nos recogía otra vez el barco. Lo hacíamos sin guía. Antes de bajar del barco, explicaban algo por megafonía que no terminamos de entender (el acento kiwi no hay quien lo entienda…) y ahí empezó nuestra aventura gratuita.

Por lo visto había dos rutas para llegar a Medlands Beach: una más larga, la recomendada, por camino; y otra más corta, la que por error escogimos, en el que había un tramo por el agua. Hay que tener en cuenta que llevábamos mochila y botas de montaña, que había que conseguir cruzar al otro lado sin que se mojaran. Afortunadamente también llevábamos bañador. En el primer tramo de agua que atravesamos, había fango y se nos hundían los pies.
En el segundo, se formaba una corriente que te arrastraba mar adentro.

Abel Tasman

Abel Tasman

Aprendizajes del día

– a una excursión programada, con varias etapas, hay que llevar reloj.

– si no entiendes a un kiwi hablar pero la frase empieza por “si…” y termina diciendo “…perderás el barco”, pregunta para entender la primera parte de la hipótesis.

La noche previa y la posterior dormimos en Wall Street Accomodation. Está muy cerquita del punto de encuentro para hacer Kayak y del lugar del que sale el barco. Nos trataron fenomenal y, aunque no pudimos disfrutarla porque no hacía el calor suficiente, cuenta con una piscina natural que se han montado ellos mismos.

La primera noche cenamos en The whale beach, chiringuito de playa en Kaiteriteri, con raciones demasiado grandes; la segunda, en un tailandés que nos recomendaron en la oficina de turismo: Chokdee, en Motueka. Mejor opción.


Akaroa y la península de Banks

Domingo, marzo 25, 2012

Antes de subir a Kaikoura, desde Christchurch, decidimos visitar la península de Banks, recomendada por viajes Nueza Zelanda. GPS. Destino: Akaroa. Tomamos distinta carretera a la ida (la 75) que a la vuelta (Tourist Drive). Cualquiera de las dos es impresionante. Estrechas, con curvas de 360 grados, acantilados…y recordad: conduciendo al revés que en España. Toda una aventura. Eso sí, las vistas son impresionantes. Especialmente recomendable la de la terraza de Hilltop. Fui todo el camino haciendo fotos. Pero para que el que conduce también disfrute en vivo, merece la pena parar cada vez que la carretera se ensanche un poco.

Vistas desde la carretera camino de Akaroa

Vistas desde la carretera camino de Akaroa

Finalmente llegamos a Akaroa. Dimos un paseo por allí. El paisaje es una delicia. Camino del faro, nos metimos por un camino y en menos de dos pasos nos habíamos adentrado en un frondoso bosque. Entre otros, encontramos dos árboles con Historia: uno plantado para conmemorar el final de la I Guerra Mundial y el otro, la coronación de Elisabeth II.

Según la guía, existe una ruta en Akaroa con más de 42 lugares históricos. Fuimos a la oficina de información turística y nos dieron un plano con lugares de interés. Solo aparecían 24 y de estos la mayoría eran restaurantes. Solo uno llamó mi atención: The Giant’s House Mosaic & Sculpture Garden. De camino hacia allí vimos algunos de los sitios históricos, en su mayoría casas de finales del siglo XIX, que llevan un cartel en el que se explica quién la construyó y quién ha vivido allí.

The Giant's House Mosaic

The Giant's House Mosaic

The Giant’s House Mosaic es un lugar mágico. La bautizó así una niña pequeña. Miró hacia arriba y la vio tan grande que dijo: “Aquí debe de vivir algún gigante”. En la entrada, un baldosín reza: “Aquí vive un artista”. Efectivamente: Josie Martin. La casa parece de cuento y el jardín, como de Alicia en el País de las Maravillas. Hay un montón de coloridas esculturas de mosaico, que recuerdan al Parque Guell. Nos gustó mucho y sacamos fotos muy divertidas.


El lago Rotorua

Sábado, marzo 24, 2012

Parte del atractivo de Rotorua (y de Nueva Zelanda en general) son sus lagos. Hemos tenido la suerte de estar alojados dos noches en The Lake House, el Bed & Breadfast de Kent y Carol. Cuando entramos en la habitación, no podíamos creerlo. La pared de en frente de la cama era íntegramente de cristal, con vistas al lago Rotorua. Sólo nos separaba de él una explanada de césped verde. Nos enseñaron la casa y el jardín, en el cual descubrimos una pequeña casita que albergaba el jacuzzi, también con vistas al lago. ¡Menudo lujo! Y no teníamos ni idea.

Vista del lago Rotorua desde el jacuzzi

Vista del lago Rotorua desde el jacuzzi

Después de visitar Whakarewarewa, dimos un paseo bordeando el lago Rotorua, hasta el aeropuerto, y nos dimos un baño en el jacuzzi.

La primera noche cenamos en Wai Ora, un restaurante que nos recomendaron Kent y Carol, que está a cinco minutos de la casa. Los platos estaban muy bien presentados. Carlos probó la cerveza Mata y yo el vino de Kiwi. De postre tomamos una tabla de quesos de la isla y pavlova, una especie de merengue típico.

Presentación de platos en Wai Ora

Presentación de platos en Wai Ora

La segunda noche cenamos en Ale House, un bar restaurante Kiwi. Carlos pidió una hamburguesa, que resultó ser enorme. Y yo, medio costillar (“son solo seis costillas”, me dijeron). Solo seis, pero de qué tamaño. Las costillas más grandes que he visto en mi vida.

Los desayunos de Carol resultaron ser también impresionantes. El primer día, tortilla, curiosamente hecha al horno. El segundo día, bacon y tostadas con sirope de arce. Según nos comentaba intenta hacer cada día un desayuno diferente para no aburrir a sus huéspedes.

Con Carol hemos tenido la oportunidad de hablar sobre los Bed & Breakfast, que poco tienen que ver con los de Reino Unido, mucho más impersonales. Aquí suelen estar regentados por familias británicas que buscan relacionarse con los extranjeros que visitan la isla. En su caso, ella era profesora y cuando se jubiló tenía miedo de echar de menos el contacto con la gente. Por eso decidió convertir su casa en un Bed & Breadfast. Cuando nos hemos ido, han salido a despedirnos a la puerta.


Poblado termal maorí Whakarewarewa

Viernes, marzo 23, 2012

Hoy hemos estado en Whakarewarewa, o Tewhakarewarewatangaoteopetauaawahiao, como lo llaman ellos, los maoríes. Es un poblado maorí situado en una zona termal de Rotorua,  en la isla Norte de Nueva Zelanda. En el poblado viven actualmente una veintena de familias maoríes.

Nos ha recibido una guía autóctona muy simpática que nos ha dado una vuelta por el poblado y nos ido explicando sus costumbres.  Hemos aprendido por ejemplo que muchas de estas familias no tienen cocina eléctrica en casa. Hay fosas naturales de agua hirviendo por la actividad volcánica. Hemos visto como cocían patatas y mazorcas de maíz, que de hecho luego hemos podido degustar. Otro tipo de alimentos, como la carne, que también hemos probado, las cocinan en unas cajas de madera que costruyen sobre la tierra. Las dejan allí durante dos horas y cuando vuelven están listas para comer. También nos han explicado cómo cultivan. No basta con plantar los vegetales, porque se queman las raíces. Cultivan en una especie de maceteros de madera, a los que les hacen unos agujeros para que salga el calor.

Huerta en poblado termal Whakarewarewa

Huerta en poblado termal Whakarewarewa

A partir de las 17:00, cuando se cierra el poblado al público y los maoríes vuelven de trabajar, hacen turnos hasta las 00:00 para darse un baño en unas bañeras naturales construidas en la ladera de la montaña. Según nos contaba la guía, bastan 15 minutos diarios en ese agua caliente para que desaparezcan todos los dolores. Ah, y no necesitan usar champú ni acondicionador porque el agua es muy suave. En otra de este fosas de agua caliente friegan a mano.

Bañeras termales

Bañeras termales

En el poblado hemos podido ver también un templo maorí en el que velan a los muertos durante tres días y dos noches, así como una iglesia cristina, y un cementerio.

La visita termina con una actuación en la que varios maoríes cantan y bailan. Previamente, la guía nos ha explicado de forma práctica cómo crean las faldas de fibras naturales que una vez secas suenan al chocar entre ellas en los bailes tradicionales maoríes.

Baile tradicional maorí con faldas musicales hechas a mano

Baile tradicional maorí con faldas musicales hechas a mano

Tras la visita guiada, nos hemos dado una vuelta por libre, en la que hemos podido ver Te Roto A Tamaheke, un lago hirviente a cuyo alrededor hay un camino con todos los países de fotos de gente de los mismos que lo ha visitado. También el lago verde y, tras un rato de espera, dos geiser en activo. Despiertan una media de 25 veces al día y pueden llegar a alcanzar la altura de 30 metros. Impresionante.

Geiser en Whakarewarewa

Geiser en Whakarewarewa


Séptimo día en Nueva York: una ciudad con vistas

Sábado, noviembre 19, 2011

Se acerca el final del viaje pero nos queda muy buen sabor de boca. Hoy el plan era gastar los tres tickets que nos quedaban del New York City Pass: Top of the Rock (por la mañana), Crucero Circle Line (atardecer) y Empire State (por la noche).

Nos habían dicho que en el Top of the Rock no había cola. Es cierto, pero hay que esperar. Nos han dado entrada para una hora después. En el rato que hemos estado esperando, hemos estado viendo a una pequeña patinadora en la pista de Rockefeller Center, que era una auténtica profesional. Le he llegado a ver dar hasta cinco giros con la pierna levantada hacia atrás, a la altura de la cabeza. Lo curioso es que estaba rodeada de patinadores amateurs.

Durante la espera, también hemos visto a un grupo de pequeñas mises, posando con su tiara, en la tienda de Swarovski. En resumen, que se nos ha pasado volando.

International Miss Junior en Swarovski (Nueva York)

International Miss Junior en Swarovski (Nueva York)

Una vez dentro, hemos tenido que esperar de nuevo, viendo unos documentales sobre el edificio. Uno de ellos, que me ha parecido un auténtico publirreportaje, habla de la vinculación del edificio con Swarovski. Hay una lámpara en el centro del edificio hecha de cristales de Swarovski y también incrustaciones en las paredes. Además, en Navidad, la estrella que encabeza el árbol de la plaza es también de Swarovski.

La subida es rápida: 65 pisos en 30 segundos. El ascensor tiene el techo transparente con lo cual se aprecia el ascenso. Lo que más me ha gustado ha sido la vista de Central Park, con sus colores otoñales y sus enormes lagos.

Central Park desde Top of the Rock

Central Park desde Top of the Rock

Aunque teníamos planes para la comida, hemos decidido dejarlos para la cena, por miedo a no llegar a tiempo del crucero ya que hoy era nuestra última opción para hacerlo al atardecer. Finalmente hemos comido un perrito caliente rápido antes de embarcar.

De primeras nos hemos sentado en la cubierta, pero cuando el barco se ha puesto en movimiento el frío era insoportable y no hemos aguantado mucho. La experiencia ha merecido mucho la pena. Tenemos fotos super chulas. Y por cierto, la Estatua de la Libertad no me ha parecido tan pequeña como dicen.

Skyline de Manhattan desde el barco

Skyline de Manhattan desde el barco

Para cenar habíamos pensado ir al hotel de las hamburguesas que nos sugería Bea en uno de sus comentarios en este blog. No daba muchos más detalles así que hemos recurrido a Google. Varias críticas hablaban de un local inesperado escondido dentro de un hotel pijo. El hotel, efectivamente bastante elegante,  era el Parker Meridien(118 West 57th Street). Primero atravisas un bar con muy buena pinta y a rebosar de gente, sin ningún aspecto de servir

Hamburguesas en el Parker Meridien

Hamburguesas en el Parker Meridien

hamburguesas. Después llegas a un inmenso hall. Y cuando ya estás a punto de irte, porque no ves ningún bar con aspecto de servir hamburguesas, ves un pequeño neón con forma de hamburguesa detrás de una cortina. Increíble. Parecía una hamburguesería clandestina. En la puerta hay unas hojas para que apuntes tu pedido y todo vaya más rápido. Hay cola pero avanza. El sitio es muy pequeño pero los asientos rotan. Es un auténtico fast food. No habremos estado sentados allí ni 20 minutos. Pero nos ha sabido muy bueno.

El postre nos lo hemos tomado en The Russian Tea Room, un restaurante ruso que nos había recomendado Manuel. Es un local acogedor, con una decoración recargada, como de época, y muchos cuadros, entre ellos un Picasso. No es barato pero merece la pena visitarlo.

The russian tea room

The russian tea room

Hemos terminado este mágico día en el Empire State, donde hemos podido disfrutar de las luces de esta ciudad desde lo alto. Nos habían dicho que había cola y debe de haberla normalmente a juzgar por la de cordones que hay definiendo el trazado. Pero cuando nosotros hemos llegadado, sobre las 20:30, no hemos tenido que esperar nada. Con el City Pass te dan una audioguía. Aunque la grabación es un poco pesada, merece la pena para situarse y conocer pequeños detalles sobre los principales edificios y barrios de Manhattan. Se sube hasta el piso 86. Es posible coger una ampliación hasta el 102 pero nosotros no lo hemos hecho.