Message in a bottle

Lunes, julio 14, 2008

Hoy descubro en el post sobre “Saber qué decir”, que publiqué el pasado 7 de julio, un comentario de Javier Reyes. Es una de las ventajas de internet, que un artículo que vio la luz hace días, meses o años puede volver a cobrar vida gracias a los buscadores o a un generoso comentarista. La primera vez que oí hablar de la teoría de la Long Tail no entendía a qué se refería. Ahora, la experimento con mi blog. Javier Reyes habla de “meter un mensaje en una botella”. Bonita metáfora.

“Me ha encantado este post!
Con la llegada de las redes sociales (y resto de maravillosas herramientas del social media), se ha reducido el miedo a ser rechazados, y a iniciar conversaciones con extraños… algunos no son extraños porque puedes ver su actividad en la red social y en sus blogs, se inician conversaciones antes de conocer al receptor de los mensajes… Cuando escribes un post en tu blog, es como meter un mensaje en una botella, meses después alguien escribe un comentario y continúa la conversación…
En este nuevo medio, continuan existiendo los mismos perfiles de “criminales conversacionales”, y yo diría que surge alguno nuevo, gracias al anonimato y falsa identidad en la mayoría de los casos. Surgen verdaderos terroristas, que se meten en las conversaciones únicamente para arrojar piedras en forma de insultos y descalificaciones, sin aportar nada a la conversación… suerte que el autogobierno de las comunidades en internet suele funcionar, y es posible poner remedio a estas actuaciones…”

Afortunadamente este blog, todavía joven, no ha sufrido el ataque de los criminales conversacionales de los que hablas pero los he visto en otros blogs que sigo y me da mucha pena. Un comentario interesante puede perderse entre una multitud de frases sin sentido que sólo buscan crear polémica. Creo que lo mejor en esos casos, tanto si es es bloggero como comentarista, es no entrar al trapo.

También estoy totalmente de acuerdo con el segundo punto que propone Javier. Las redes sociales facilitan y fomentan las relaciones con seres extraños que tal vez algún día lleguen a ser contactos útiles o, por qué no, buenos amigos. Sin ir más lejos, hace un par de meses Javier Reyes me pidió que le agregara como amigo en Facebook. Entonces me mantenía firme en la idea de no aceptar a nadie con quien no hubiera hablado al menos una vez. No quería que mi red se llenara de desconocidos. Pero eso tenía fácil solución: le envié un mensaje y me respondió. Entonces descubrí que, en el terreno profesional, teníamos mucho en común y que tal vez algún día podríamos echarnos una mano.

Hoy nos volvemos a encontrar en la bloggosfera. ¿Creen que si algún día me cruzo con Javier por la calle o en algún evento le ignoraré como si fuera un desconocido?

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