Séptimo día en Nueva York: una ciudad con vistas

Sábado, noviembre 19, 2011

Se acerca el final del viaje pero nos queda muy buen sabor de boca. Hoy el plan era gastar los tres tickets que nos quedaban del New York City Pass: Top of the Rock (por la mañana), Crucero Circle Line (atardecer) y Empire State (por la noche).

Nos habían dicho que en el Top of the Rock no había cola. Es cierto, pero hay que esperar. Nos han dado entrada para una hora después. En el rato que hemos estado esperando, hemos estado viendo a una pequeña patinadora en la pista de Rockefeller Center, que era una auténtica profesional. Le he llegado a ver dar hasta cinco giros con la pierna levantada hacia atrás, a la altura de la cabeza. Lo curioso es que estaba rodeada de patinadores amateurs.

Durante la espera, también hemos visto a un grupo de pequeñas mises, posando con su tiara, en la tienda de Swarovski. En resumen, que se nos ha pasado volando.

International Miss Junior en Swarovski (Nueva York)

International Miss Junior en Swarovski (Nueva York)

Una vez dentro, hemos tenido que esperar de nuevo, viendo unos documentales sobre el edificio. Uno de ellos, que me ha parecido un auténtico publirreportaje, habla de la vinculación del edificio con Swarovski. Hay una lámpara en el centro del edificio hecha de cristales de Swarovski y también incrustaciones en las paredes. Además, en Navidad, la estrella que encabeza el árbol de la plaza es también de Swarovski.

La subida es rápida: 65 pisos en 30 segundos. El ascensor tiene el techo transparente con lo cual se aprecia el ascenso. Lo que más me ha gustado ha sido la vista de Central Park, con sus colores otoñales y sus enormes lagos.

Central Park desde Top of the Rock

Central Park desde Top of the Rock

Aunque teníamos planes para la comida, hemos decidido dejarlos para la cena, por miedo a no llegar a tiempo del crucero ya que hoy era nuestra última opción para hacerlo al atardecer. Finalmente hemos comido un perrito caliente rápido antes de embarcar.

De primeras nos hemos sentado en la cubierta, pero cuando el barco se ha puesto en movimiento el frío era insoportable y no hemos aguantado mucho. La experiencia ha merecido mucho la pena. Tenemos fotos super chulas. Y por cierto, la Estatua de la Libertad no me ha parecido tan pequeña como dicen.

Skyline de Manhattan desde el barco

Skyline de Manhattan desde el barco

Para cenar habíamos pensado ir al hotel de las hamburguesas que nos sugería Bea en uno de sus comentarios en este blog. No daba muchos más detalles así que hemos recurrido a Google. Varias críticas hablaban de un local inesperado escondido dentro de un hotel pijo. El hotel, efectivamente bastante elegante,  era el Parker Meridien(118 West 57th Street). Primero atravisas un bar con muy buena pinta y a rebosar de gente, sin ningún aspecto de servir

Hamburguesas en el Parker Meridien

Hamburguesas en el Parker Meridien

hamburguesas. Después llegas a un inmenso hall. Y cuando ya estás a punto de irte, porque no ves ningún bar con aspecto de servir hamburguesas, ves un pequeño neón con forma de hamburguesa detrás de una cortina. Increíble. Parecía una hamburguesería clandestina. En la puerta hay unas hojas para que apuntes tu pedido y todo vaya más rápido. Hay cola pero avanza. El sitio es muy pequeño pero los asientos rotan. Es un auténtico fast food. No habremos estado sentados allí ni 20 minutos. Pero nos ha sabido muy bueno.

El postre nos lo hemos tomado en The Russian Tea Room, un restaurante ruso que nos había recomendado Manuel. Es un local acogedor, con una decoración recargada, como de época, y muchos cuadros, entre ellos un Picasso. No es barato pero merece la pena visitarlo.

The russian tea room

The russian tea room

Hemos terminado este mágico día en el Empire State, donde hemos podido disfrutar de las luces de esta ciudad desde lo alto. Nos habían dicho que había cola y debe de haberla normalmente a juzgar por la de cordones que hay definiendo el trazado. Pero cuando nosotros hemos llegadado, sobre las 20:30, no hemos tenido que esperar nada. Con el City Pass te dan una audioguía. Aunque la grabación es un poco pesada, merece la pena para situarse y conocer pequeños detalles sobre los principales edificios y barrios de Manhattan. Se sube hasta el piso 86. Es posible coger una ampliación hasta el 102 pero nosotros no lo hemos hecho.

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