Mi crisis

Jueves, diciembre 31, 2009

7:00 am. Cansancio. Pereza. Dolores. Noticias de protestas. Sube el precio del alquiler. 7:00 am. Fatiga. Desidia. Cefalea. Noticias de manifestaciones. Baja el precio de la vivienda. 7:00 am. Agotamiento. Hastío. Jaqueca. Noticias de huelgas. Los bancos no conceden hipotecas. 7:00 am. Molimiento. Tedio. Migraña. Noticias de suspensiones de pagos. Carabanchel, 30 metros cuadrados, 320.000 euros. 7:00 am. Desaliento. Apatía. Contractura. Noticias de concurso de acreedores. San Blas, 40 metros, 310.000 euros. 7:00 am. Lasitud. Inapetencia. Estrés. Noticias de despidos. Vallecas, 50 metros, 300.000 euros. 7:00 am. Debilidad. Desazón. Noticias de cierres. Moratalaz, 60 metros, 290.000 euros. 7:00 am. Galbana. Sopor. Ansiedad. Reducción de jornada. Lavapiés, 70 metros, 280.000 euros. 8.00 am. Extenuación. Pesadez. Taquicardia. Ministerio de trabajo. ¡Chamberí, 80 metros cuadrados, 270.000 euros! 9.00 am. Agobio. Fastidio. Bruxismo. Reducción de salario. Concesión de la hipoteca. 9.00 am. Envío de currículos. Reunión de los trabajadores. Revisión del convenio. Firma del contrato de compra-venta. 9.00 am. Una llamada. Una esperanza. Firma del ERE. Planos con la nueva distribución. 9.00 am. Una entrevista. Incertidumbre. Despidos. Comienza la reforma. 9.00 am. Nueva llamada. ¿ERE o Erre? Finiquito. Demolición de muros.

RE-ACCIONA.

15 días después empecé a trabajar en Grupo R. De repente me vi implicada en varias campañas publicitarias para distintos anunciantes. Era la primera vez que me enfrentaba a una situación así. El mundo de la agencia es muy diferente al de los medios. Pero tenía el apoyo de los compañeros, entre los que poco a poco he ido descubriendo algunos amigos. El trabajo vuelve a motivarme. Me llena en vez de consumirme. Al salir, sin importar la hora que sea, vamos a ver nuestra futura casa. Un día construyen las paredes. El día posterior dibujan las rozas. Cuando volvemos, ya han hecho el hueco para instalar los cables y enchufes. A la semana siguiente colocan la primera ventana. Asomando la cabeza, se ve un futuro feliz. Empezamos a elegir muebles y electrodomésticos. Queda instalar la electricidad y el gas, poner los suelos y pintar. Ya falta menos para que la casa que compramos se convierta en nuestro hogar. Recuperamos el contacto con los amigos y compartimos nuestra visión de la crisis. ¿Suerte? No, tesón.

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La senda de los caracoles

Domingo, julio 27, 2008

Hace unos días Antón decía en el post “Vida de perros” que quería ponerse en contacto conmigo para comentar la idea de la realización de un corto a partir de mi microrrelato.

El  sábado protagonicé una claustofóbica aventura. Me sentí un personaje más de un relato de terror psicológico. Llegué incluso a pensar que se trataba de una pesadilla. Lee Antón. Tal vez aquí también veas un corto. 

El cartel era un poco confuso. No teníamos cobertura ni había nadie por la zona a quien poder preguntar. Nos decantamos por la carretera de la derecha. Estaba semiasfaltada, igual que la que dejábamos atrás y mucho mejor que algunas de las que habíamos tenido que superar para llegar hasta allí. Recorrimos unos tres kilómetros hacia ninguna parte. La carretera se iba estrechando hasta convertirse en un camino de piedras y arena. Empezamos a sospechar que nos habíamos equivocado pero parecía complicado dar la vuelta y decidimos seguir con la esperanza de que, aunque no fuera el camino idóneo, también acabara en La senda de los caracoles.

Baches, polvo y cardos que se enganchaban en los bajos del coche. Resultaba imposible creer que en los últimos años algún coche hubiera pasado por allí. Pero un camino semiasfaltado tenía que llevar a algún sitio. O eso nos empeñamos en creer. Y seguimos. Seguimos metiéndonos inconscientemente en un camino que, unos tres kilómetros después, se terminó sin habernos llevado a ningún sitio.

Eran las tres de la tarde de un caluroso día de julio. El Sol apretaba con fuerza desde el punto más alto del cielo. Mi padre, cabreado y nervioso, se bajó del coche, cediéndole el volante a Carlos.

Durante poco más de un minuto recuperé la cobertura. Me llegaron varios mensajes de llamadas perdidas. Empezaban por 921 y supuse que eran de La Senda de los caracoles. Llamé para corroborar que nos habíamos equivocado y para hacerles saber que estábamos atrapados. La voz de la recepcionista se fue perdiendo y volví a perder la cobertura.

En ese momento empezamos a hacer ruedas. Aterrorizada miré hacia fuera por el cristal de la derecha y vi a mi padre sujetando el coche, empujando con todas sus fuerzas, intentando evitar que la fuerza de la gravedad venciera al coche y perdiéramos definitivamente su control.

Carlos tiró del freno de mano. Pareció que el desarrollo de la acción se paraba con aquel gesto. Bajamos del coche. Se quitó las chanclas. Se puso las zapatillas de deporte. Y analizamos la situación.

Un nuevo intento de cambiar de sentido. Las ruedas giraban a toda velocidad, escupiendo piedras con fuerza en cada vuelta. Una imaginaria onda expansiva nos alejaba del coche buscando instintivamente nuestra seguridad.

          Hija, llama al 112, que nos vengan a rescatar.

“Ha llamado al 112, servicio de emergencias de Castilla La Mancha. En breves momentos atenderemos su llamada. Por favor, espere. Ha llamado al 112, servicio de emergencias de Castilla La Mancha. En breves momentos atenderemos su llamada. Por favor, espere. Ha llamado al…”

          112. ¿En qué puedo ayudarle?

          Verá. Estamos cerca de Grado del Pico. Íbamos buscando una casa rural que se llama La senda de los caracoles. En un determinado punto, hemos tenido que elegir entre dos caminos. Había un cartel que aparentemente indicaba el de la derecha, pero claramente nos hemos confundido. El camino se ha ido estrechando y ahora estamos en un punto sin salida. El camino no es lo suficientemente ancho como para dar la vuelta.

          ¿Y yo qué quiere que haga?

          No lo sé pero no tengo cobertura y éste es el único teléfono al que puedo llamar desde el móvil.

          Pero dónde dice que está.

          En medio de la nada, en Grado del Pico, en Segovia.

          Pero es que usted está llamando a servicio de emergencias de Castilla La Mancha.

          Yo he llamado al 112, que es el único número que en estos momentos puedo marcar desde mi móvil, y me ha salido usted.

          De acuerdo. Disculpe. Le paso con el servicio de emergencia de Castilla León, a ver si ellos pueden hacer algo. No se retire.

“Ha llamado al 112, servicio de emergencias de Castilla León. En breves momentos atenderemos su llamada. Por favor, espere. Ha llamado al 112…”

          Me cuenta mi compañero que están en un camino sin salida en Grado del Pico. ¿Cuántas personas se encuentran?

          Cuatro

          ¿Todos adultos?

          Sí.

          ¿Están todos bien de salud?

          De momento sí.

          Entonces lo que tiene que hacer es llamar a su seguro, al teléfono de atención en carretera, y que le manden una grúa.

          Ya, el problema es que no tengo cobertura y sólo puedo efectuar llamadas de emergencia. Si pudiera hacerme usted el favor de dar parte al seguro.

          Está bien. Dígame el modelo del coche y la matrícula.

          Espere un momento. Estoy viendo que mi familia ha optado por sacar el coche marcha atrás.

          ¿Y pueden?

          De momento sí, pero se acercan a una cuesta que no sé si podrán remontar marcha atrás. No cuelgue, por favor, y le voy diciendo. Parece que sí, están pudiendo. Cada vez van más rápido.

          Pero ¿les ve?

          Ya no.

          Dígame cómo se llama.

          Usúe.

          Apellido.

          Madinaveitia.

          Señora Usúe Madinaveitia, corra en la dirección en la que ha desaparecido el coche y avíseme cuando lo vuelva a ver. No cuelgue por favor. Yo le espero aquí.

Subí la cuesta a toda prisa, con el móvil en la mano y gritando “papi, papi, ¿habéis conseguido dar la vuelta?”. Superada la cuesta, el camino seguía siendo igual de estrecho.

          Señora Usúe Madinaveitia le voy a pasar con la Guardia Civil de Segovia por si ellos pudieran hacer algo.

          Buenas. Me comenta mi compañera que se han metido por un camino sin salida y que no consiguen dar la vuelta.

          Sí, bueno. Después de hacer parte del camino marcha atrás, parece que por fin podemos intentar dar la vuelta, aunque no sé si lo vamos a conseguir. El coche empieza a oler a quemado.

          En ese caso usted lo que tendría que hacer es llamar al teléfono de atención en carretera de su seguro.

          Ya, el problema, como le decía a su compañera, es que no tengo cobertura y sólo he podido llamar al 112, así que por favor, no cuelgue y en caso de que se confirme que no podemos salir, llama usted a mi seguro.

          No hace falta que me mantenga a la espera. Usted también puede llamar al 062, que es el teléfono de la Guardia Civil de Segovia.

          Vale. ¿Y usted cómo se llama?

          Carmelo.

          Parece que hemos conseguido dar la vuelta. Muchas gracias por todo, Carmelo.

Un cuarto de hora después, llegamos a La senda de los caracoles por el camino de la izquierda. Aunque los dueños no reconocieron que tal y como estaba colocado el cartel se prestaba a confusión, esa misma tarde alguien lo cambió de sitio.

 

La senda de los caracoles. C/ Manadero s/n. Grado del Pico. 40512. Segovia.